Al igual que la invención del papel, los chinos dieron los primeros pasos en el desarrollo de la imprenta. Para agilizar el proceso de copiar oraciones budistas a mano, inventaron en el año 593 la xilografía, tipo de impresión en una plancha de madera en la que se grababa texto o una imagen invertida a partir de la cual realizaban copias sobre seda o trapos.

 

Entre los años 1041 y 1048, el chino Pi Cheng inventó la imprenta de tipos móviles, signos que correspondían a palabras completas. Se realizaban con arcilla sobre moldes en negativo y luego se cocían. Ya terminados se unían sobre un marco metálico componiendo frases, unidos con masa adhesiva, y luego se imprimían.

 

Al terminar el siglo XV, la xilografía perdió fuerza frente a la calcografía, grabado sobre una plancha de metal. El proceso consiste en grabar la plancha de forma que sólo se vacían las partes que corresponden al dibujo. Se le conoce como “sistema de grabado al vacío” ya que se transfiere la tinta depositada en la superficie y no en los huecos de los relieves.

 

Estos métodos son la base del invento que revolucionó la industria cultural en el mundo. Históricamente se considera “el padre de la imprenta” al alemán Johannes Gutenberg, por la creación de los tipos móviles de plomo fundido, más resistentes que la madera. Logró imprimir un calendario, una gramática de latín y su obra más representativa: la Biblia, que data del año 1450.

 

En 1796 llegó la litografía de manos del alemán Johann Aloys Senefelder, la cual consiste en la estampación de imágenes o textos grabados o dibujados previamente en una piedra caliza. La evolución de esta técnica se dio con la impresión en offset, que permite reproducir documentos e imágenes sobre papel o materiales similares, la cual aplica una tinta sobre una plancha metálica compuesta casi siempre de una aleación de aluminio. Este método se logró gracias a que en 1875 se inventó la impresión en metales (estaño) y en 1903 la impresión sobre papel.

 

La impresión de matriz de punto permite la impresión de documentos sobre papel mediante un movimiento horizontal de un cabezal, la cual se compone de agujas metálicas, accionadas por electroimanes, que golpean una cinta entintada de carbón ubicada entre el cabezal y el papel. Al finalizar cada línea, un rodillo permite que la hoja avance.

 

Por su parte, la impresión de chorro de tinta utiliza sistemas con un cabezal cuyos orificios lanzan pequeñas gotas de tinta, comandados por un programa que determina cuántas gotas y en qué momento deberán lanzarse. Se trata de una de las tecnologías de impresión más difundidas en el mundo gracias a su flexibilidad, bajo costo operativo y precio final al usuario.

 

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