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El papel forma parte esencial de tu vida: te ha acompañado desde la infancia, cuando experimentabas con los primeros matices artísticos al hacer dibujos hasta las instancias profesionales más especializadas, al formar parte de proyectos y planos arquitectónicos.

 

El papel ha acompañado la historia del ser humano, tras la invención de la escritura, el hombre tuvo la necesidad de encontrar algún soporte para documentar y transmitir información importante. El primer antecedente del papel son las láminas de papiro que se obtenían del tallo de la planta, las cuales eran reblandecidas en agua para lograr flexibilidad en el material.

 

Esta técnica fue implementada por los egipcios aproximadamente en el 3000 a.C. Pero tuvieron que pasar siglos, alrededor del 105 a.C., para que en China descubrieran un método en el que se mezclaban distintas fibras con agua y las colocaban en un molde poroso que al prensarse daba como resultado un material más sólido.

 

Poco a poco la técnica se expandió por Asia y en el siglo VIII con la invasión árabe de España el proceso se dio a conocer por casi toda Europa, lo que transformó los medios de comunicación en la cultura occidental. En 1453 la imprenta hizo eficiente el proceso de escritura logrando que el número de textos creciera exponencialmente.  

 

Desde entonces y para atender la demanda de fabricación de papel se ha explorado el uso de diferentes materias primas. A principios del siglo XVIII, en Francia se comenzó a utilizar la pulpa de madera como base para la fabricación del papel, obtenida a través de procesos químicos y se logra consolidar un proceso de automatización en la fabricación del papel gracias a una máquina de producción continua.

 

El proceso se inicia con la obtención de madera. Primero se eliminan las ramas y se le retira la corteza para cortarla en troncos pequeños. A estos pedazos de corteza se les aplica un tratamiento con productos químicos para formar una pasta y eliminar fibras no deseables para dejar únicamente la celulosa.

 

La mezcla obtenida atraviesa procesos como lavado, filtrado, secado y blanqueado para obtener el color deseado. La pasta se vuelve más espesa y se coloca en mallas metálicas para posteriormente ser prensada y secada.

 

Como puedes ver, el proceso no es sencillo, por eso en KronalinE contamos con altísimos parámetros y controles de calidad en cada una de nuestras líneas para asegurarnos de que el papel que llega a tu escritorio cuenta con una calidad y blancura excepcionales.