Estar en el momento perfecto en el lugar adecuado. Esta frase puede definir la obra de Roy Lichtenstein (Estados Unidos, 1923-1997); aunque no sólo eso, sino que mediante el uso de los cómics o anuncios publicitarios fue capaz de transmitir ideas complejas en un lenguaje que todo el mundo comprendía, lo que lo sitúa más cerca del arte pop que del expresionismo abstracto, tendencia que imperó en Estados Unidos a partir de 1940.

Aquí se encuentra su verdadero valor. no era necesario ser un experto en las artes para entender formas de narrar que provenían de nuestra realidad más inmediata. De este modo, las pinturas y esculturas de Lichtenstein sólo pudieron haberse creado en el contexto de Estados Unidos de 1960-1980, ya que cuentan de una manera vital, colorida, espléndida, el lado más optimista del sueño americano de la posguerra. El american way of life antes de que caducara.

Al inicio de su carrera se dedicaba a ser profesor de arte y escaparatista. Sus primeras pinturas estaban influidas por el cubismo o el expresionismo. Más tarde volvió a mirar a la realidad cotidiana, dominada en aquel momento por las imágenes prefabricadas de la cultura de masas. Su particular estilo imitaba los puntos benday, un proceso de impresión industrial usado en los cómics que, a base de pequeños círculos coloreados, representaba las variaciones cromáticas.

En este momento, su obra, al igual que el arte pop, se consideró superficial, justo como la misma sociedad que retrataba. ¿Cuál era el objetivo de pintar un cuadro donde apareciera Mickey Mouse y colgarlo en una galería? Finalmente, se entendió que el arte responde directamente al tiempo en que se creó, es sólo un espejo, como decía Oscar Wilde. Por lo tanto, su obra dialoga perfectamente con esa época, y la sublima.

Roy Lichtenstein representó en un lenguaje amplísimo, de fácil entendimiento pero con un sólido mensaje, temas de la sociedad de consumo. Mediante composiciones bellas, en apariencia sencillas, pintadas casi exclusivamente con colores primarios, hizo una crítica del mundo contemporáneo. Llevó al lienzo elementos populares que elevó al nivel de semidioses para que la gente se preguntara si realmente aquello merecía veneración.

A partir de la década de 1980 su pintura se fue haciendo más compleja, y al final de su vida comenzó también a experimentar con la escultura. Trató de diversificar lo más posible su producción y elaboró imágenes icónicas para acontecimientos mundiales de distinta índole: música, danza, teatro o cine. Por el total de su obra, Lichtenstein se considera como uno de los artistas más influyentes de la segunda mitad del siglo XX.